El infierno de las oposiciones

14 de mayo de 2020
El infierno del opositor - Claudia Pallarés

Un cuarto de nuestra vida, a veces más, es el tiempo que dedicamos las personas a estudiar, a recibir una formación adecuada para aplicarla en nuestro futuro profesional.

En todo este tiempo, desde preescolar hasta los estudios universitarios, pasamos por una serie de fases y de etapas de nuestra vida que nos definen como personas, pero también determinan aquello a lo que nos vamos a dedicar en un futuro según nuestras aptitudes, gustos y preferencias.

Cuando un joven decide estudiar un grado en la universidad es porque tiene claro todo esto, sabe a qué quiere dedicarse y va a recibir una preparación mucho más especializada, cuya función será la de formarlo como profesional.

Hay miles de estudiantes que, tras llevar a cabo este proceso de formación, se topan contra un muro muy difícil de derribar, ya no solo por la complejidad de la tarea y porque requiere mucho tiempo, sino también porque derribarlo no depende solamente de ellos. Este muro ficticio ante el que se encuentran muchas personas no es otro que las oposiciones para conseguir un puesto de trabajo.

Claudia Pallarés
Claudia Pallarés

Claudia Pallarés tiene 27 años y es graduada en Educación Infantil por la Universidad de Alicante. Obtuvo su título en 2015 y, al igual que ella, muchos de los graduados anuales de estos títulos buscan empleo en su profesión.

A esta joven benidormense lo primero que le vino a la mente al acabar la carrera fue: “¿y ahora qué?”, así que decidió apuntarse a una academia de oposiciones para alcanzar su sueño. Pero solo unos pocos terminan consiguiendo un puesto de aquello para lo que han estudiado durante como mínimo cuatro años de su vida.

Para Claudia nada fue lo que esperaba tras graduarse, fue un año caótico donde lo más importante era preparar temas, una programación didáctica y supuestos casos prácticos que nadie entendía.

La convocatoria de oposiciones para un puesto en un colegio o instituto público es irregular y, cuando salen adelante, las plazas que se ofertan son muy reducidas, por lo que el acceso a un empleo se convierte en la tarea más complicada para el educador.

Desafortunadamente para Claudia, todo el trabajo y esfuerzo que dedicó a la preparación de las oposiciones no se vio recompensado, pues ese año no salieron oposiciones.

Tras la desilusión de Claudia el año anterior, llegó septiembre de 2018 y volvió a ir a una academia en la que al menos había treinta personas en clase con las mismas dudas y preocupaciones.

“Nos encontramos sin recibir la atención que cada uno merecía» recuerda. «Fueron muchos meses madrugando para estudiar, un día tras otro deseando que pasara ese año y esperando tener suerte y poder sacar una nota decente para poder trabajar”, aclara.

Claudia tuvo que trabajar al mismo tiempo dando clases particulares por las tardes y acudiendo dos días por semana cuatro horas a la Escuela Oficial de Idiomas. “Siempre estaba de mal humor por no poder estar con familiares y amigos que pasaban sus días de invierno haciendo cenas y comidas”, subraya Claudia.

Por fin llegó el gran día, del que recuerda principalmente lo mal que lo pasó. “Casi no pude dormir de los nervios, después de tantos meses de preparación, me encontraba cara a cara con un tribunal que parecía estar muy cansado y ausente”.

Claudia aprobó, aunque desafortunadamente para ella los que aprobaron por primera vez ese año no consiguieron plaza y tuvieron que esperar al siguiente curso.

Por tanto, otro año desaprovechado. “Decidí hacer un máster mientras continuaba en la Escuela Oficial de Idiomas y tuve que trabajar como maestra de clases particulares para pagar gastos”, señala.

“El 30 de abril cuando me llamaron por primera vez a trabajar me habían asignado el cole de Polop y durante unos meses vi mi sueño cumplido, relata la joven benidormense.

El siguiente curso, gracias al certificado de B2 en inglés, trabajó como tutora de un aula de segundo de Primaria impartiendo las asignaturas bilingües. “Pensaréis que todo fue perfecto, pero durante ese curso tuve que preparar las oposiciones que tuvieron lugar al año siguiente. Cada día se me hacía más cuesta arriba«, explica. 

«Todos los días después de cinco horas de trabajo llegaba a casa, comía y me sentaba en el escritorio hasta que me daba cuenta que eran las doce de la noche, no había cenado y debía acostarme”, recuerda. Y así durante diez meses. 

Se presentó otra vez a las oposiciones, pero no aprobó. Claudia sentía que no habían valido para nada las miles de horas que había dedicado. A causa de este suspenso, durante el siguiente curso escolar no trabajó ni un día como profesora, pasó un año entero buscando trabajo sin éxito y comenzó sexto curso en la Escuela Oficial de Idiomas.

Su currículum, que incluye una carrera con una nota media de 9’33, un máster, cursos de formación y en la actualidad cursando el nivel C1 de la Escuela Oficial de Idiomas, no es suficiente para conseguir un puesto de empleo.

Claudia continúa sin trabajo en su profesión después de tantos años de preparación, con demasiadas sensaciones de incertidumbre sobre su futuro.

Lo mismo le sucedió a Miriam Pina, que con 23 años y su título en Educación Infantil era incapaz de saber cuándo podría ejercer, pues las oposiciones siempre son una incógnita y aunque estén previstas para los dos próximos años no sería la primera vez que se cancelan.

A día de hoy, esta joven de Dénia tiene que compaginar su vida de opositora con la de trabajadora. Lo hace con trabajos temporales y de baja remuneración, que a malas penas les sirven para salir adelante. Trabaja temporalmente para Inditex y tiene que ganarse la vida como azafata en eventos y promociones de marcas.

Encontramos casos distintos en las oposiciones. Los graduados de primaria y secundaria también viven su particular guerra con las oposiciones. Rubén Hidalgo, vecino de Jávea, es un ejemplo de opositor para secundaria.

Licenciado en 2010 en Geografía, decidió hacer un máster, pero no pudo debido a que uno de los requisitos que exigían era un nivel de inglés B2. Además, para costeárselo debía trabajar al mismo tiempo y no encontraba compatibilidad horaria para compaginar ambas cosas

Hidalgo optó por matricularse en una academia de idiomas durante cuatro años consecutivos. Durante esos cuatro cursos solo se realizaron oposiciones el primero año y no pudo presentarse al no tener un máster.

Se sacó el B2. El segundo año, tras trabajar todo el verano como camarero, realizó un máster que le permitía presentarse a las próximas oposiciones, aunque esto ha hecho que Rubén haya estado desde los 23 hasta los 30 años trabajando en trabajos eventuales y mal pagados.

El curso pasado se apuntó a una academia para prepararse las oposiciones que la Conselleria había anunciado, pero en Navidad fueron suspendidas, con lo que Rubén perdió tiempo y dinero.

Actualmente, se encuentra en otra academia de preparación para las oposiciones del año que viene, con la ilusión de conseguir trabajo en lo que es su vocación. Pero a su vez se muestra con incertidumbre, pues existe la posibilidad de que modifiquen el temario.

Por lo que conseguir un puesto de trabajo como profesor se convierte en algo exclusivo y de gran competencia.

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